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viernes, 8 de marzo de 2013


León de Judá y Cachorro de Triana

14 de Nisán en los cielos y en la tierra.
Ésta parasceve es amarga como el cáliz  sobre el que imploró piedad al Padre, en aquel lugar entre Betania y Jerusalén llamado de Los Olivos.

Amarga, como el hisopo que le acercan a los labios, impregnado de la ira de los hombres y del vino agrio de la venganza.

Amarga, como las negaciones del que más férreo pareciera en su fe, sobre quien se edificarían los pilares de la nueva doctrina.

Amarga, como la ingratitud de la muchedumbre que olvida la bondad y la dulzura del Maestro, la palabra de Dios y los milagros, concediendo la gracia a un proscrito y devolviendo el odio incompresible.

Amarga, como la soledad ante la huida de los que le juraron amor eterno.

Amarga, como la cobardía de un sanguinario pretor, que intentó expiar su culpa con el agua de una jofaina. 

Amarga, como la tortura de madera, en que la eternidad del tiempo, aun le sigue abrazando cada noche.

Amarga, como el sabor del llanto sin reservas de la Madre, derramando en cada lágrima girones de vida.

Amarga, como la mofa y la burla, de quien compartiendo suerte y agonía, duda de la divinidad del que padece en el último Altar de Sacrificio, elevándose en el Monte de la Calavera, en una Cruz reseca de ciprés.

Amarga, como la mirada hacia los Cielos clamando al Padre, esperando respuesta ante el abandono del mundo, ante la soledad sin precedentes del Cachorro de Dios, en el Zurraque de Triana.

¡Eli, Eli, lamma sabachtan!

(A mi amigo José Mª Ruíz Romero, 
con todo mi cariño)

Irene Gallardo


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